Duke Nukem (Shake It, Baby) fue el primer videojuego que montamos en red, con familiares y amigos, en mi casa y ahí fue donde empecé a destacar. Cuando tenía 10 años ya ganaba a los amigos de mi padre. Era una pasada ver como un niñato le daba caña a todos los adultos.
Jugando a Duke Nukem, enseguida conseguía reducir a los enemigos, montar cables trampa, colocar minas y aniquilar a todo el que tuviera armas potentes. Me decían que jugaba tan bien que me hizo darme cuenta de que era realmente bueno. Y desde entonces no he podido dejar de jugar.
Luego me pasé al juego con el que he desarrollado mi carrera como videojugador: Quake I. Al poco tiempo me pasé a Quake II y a una conexión rápida a Internet. Jugaba en los servidores de Barrysworld y asistía a todos los torneos que podía. Como todos los niños, me encantaba ganar a los mayores y que me alabaran mis habilidades. Ese gusanillo de la victoria es lo que me hizo seguir jugando e intentando llegar hasta lo más alto.